No soporto el silencio: siempre necesito algo de fondo
Actualizado: hace 3 días
Entras en casa y, antes de quitarte el abrigo, pones algo. Un podcast, una serie que ya has visto tres veces, una lista de reproducción cualquiera. No lo escuchas del todo: lo necesitas ahí. Cocinas con voces de fondo. Te duchas con el móvil apoyado en el lavabo. Aunque el trayecto dure cuatro paradas, te pones los auriculares igual. Y cuando por lo que sea se queda sin batería, o falla la conexión, o alguien apaga la música, aparece algo incómodo que no sabrías nombrar y que se parece a una prisa sin motivo.
No es que te guste especialmente lo que suena. Muchas veces ni recuerdas de qué iba el capítulo. Lo que importa es que haya algo.
No es un problema de concentración
Lo primero que suele hacerse con esto es convertirlo en un asunto técnico: demasiadas pantallas, atención fragmentada, mala costumbre. Puede haber algo de eso. Pero si solo fuera costumbre, quitar el ruido produciría aburrimiento, y lo que muchas personas describen no es aburrimiento. Aburrirse es que no pase nada. Esto otro es que pase algo: algo que llevabas rato esquivando y que, sin voces encima, se oye.
Por eso el silencio no pesa igual en todas partes. Trabajando concentrada puedes estar perfectamente en silencio. El que cuesta es otro: el de quedarte a solas contigo sin tarea, sin pantalla y sin nadie a quien atender.

Pascal: la distracción no es un defecto, es una solución
Blaise Pascal (1623-1662), matemático y filósofo, dedicó en sus Pensamientos —las notas que dejó sin terminar y que se publicaron después de su muerte— una serie de fragmentos a lo que llamó divertissement. La palabra suele traducirse por diversión o entretenimiento, pero conserva el sentido literal del verbo del que viene: desviar, apartar de un sitio.
Pascal parte de una observación muy concreta. Las personas se agitan sin descanso: cazan, juegan, discuten, persiguen cargos, buscan compañía. Y esa agitación suele explicarse por el objeto que se persigue: la pieza, el dinero, el puesto. Pascal sostiene que esa explicación no se sostiene, y lo prueba con un ejemplo doméstico: si al cazador le regalaran la liebre ya cobrada, no la querría. Lo que buscaba no era la liebre. Era la caza. Es decir: estar ocupado.
La razón de fondo aparece en uno de los fragmentos más citados de la obra, donde escribe que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa: no saber quedarse quietos en una habitación. Cuando nos detenemos, cuando no hay nada que nos ocupe, aparece la conciencia de nuestra condición: que somos frágiles, que el tiempo pasa, que nada de lo que tenemos nos sostiene del todo. Y como esa conciencia resulta difícil de sostener, buscamos algo que nos aparte de ella.
Visto así, el divertissement no es frivolidad ni falta de carácter. Es una solución, y además funciona. El problema es exactamente ese: que funciona. Mientras funcione, la pregunta que hay debajo no llega a formularse nunca.
Conviene decir algo más, por honestidad con el texto. Pascal escribe desde una posición religiosa y concluye que esa inquietud señala una carencia que solo Dios colma. Esa conclusión es suya, y cada lectora hará con ella lo que le parezca. La observación psicológica, en cambio, se sostiene por sí sola: cuando no hay nada que nos ocupe, aparece algo que preferiríamos no mirar.
Qué se oye cuando no hay nada de fondo
Rara vez es una revelación. Suele ser algo más modesto y más incómodo: una pregunta que llevas meses posponiendo; la sensación de que el año se ha ido y no sabrías decir en qué; una conversación pendiente; la cuenta de cuántos días de la semana estás esperando a que acabe el día. Nada de eso es una urgencia. Por eso se puede aplazar indefinidamente. Y por eso hace falta ruido: no para tapar un dolor agudo, sino para no oír una pregunta que no tiene respuesta rápida.
El ruido que no viene de fuera
Heidegger describe en Ser y tiempo (1927) un modo de existir que llama el uno o el se: ese sujeto impersonal del se dice, se hace, se lleva. Vivir instalada en el se no exige mala fe ni cobardía; es simplemente cómodo, porque mientras lo que pienso, quiero y hago viene dado por lo que se piensa, se quiere y se hace, no tengo que responder de ello ante nadie, ni siquiera ante mí. Uno de los modos en que ese se se sostiene es lo que Heidegger llama habladuría: un hablar continuo que circula sin que nadie tenga que hacerse cargo de lo dicho.
Lo interesante para lo que nos ocupa es que el ruido de fondo cumple esa función venga de donde venga. No hace falta una conversación real ni un interlocutor. Bastan voces. Mientras suenan, hay un mundo en marcha del que formas parte sin tener que decidir nada. El silencio interrumpe ese mundo, y lo que devuelve es una pregunta bastante concreta dirigida a ti.
Por qué decir «acostúmbrate al silencio» se queda corto
De aquí se sale a menudo con una indicación: medita, apaga el móvil, acostúmbrate. Como práctica puede tener su valor. Como respuesta se queda corta, porque trata el ruido como el problema cuando el ruido es la solución que encontraste. Retirarla sin más deja a la vista justo aquello de lo que te protegía, sin que nada haya cambiado en el fondo.
En terapia existencial no trabajamos así. No se trata de quitarte la distracción ni de explicarte por escrito lo que te pasa. Se trata de mirar despacio, contigo, qué aparece cuando el ruido baja, desde cuándo aparece y qué relación tienes tú con eso. Comprenderlo antes que eliminarlo.
Preguntas para explorar sin prisa
No son ejercicios y no tienen respuesta correcta. Si alguna te resulta incómoda, suele ser la que vale la pena sostener un rato más.
¿En qué momentos exactos pones algo de fondo? Al entrar en casa... al acostarte... al quedarte parada sin tarea...
Hay silencios que sí soportas. Qué tienen de distinto de los que no.
Si tuvieras que decir de qué te protege el ruido, aunque no estés segura y sea solo una sospecha, ¿qué dirías?
¿Recuerdas alguna época en la que el silencio no te molestaba? ¿Qué había en tu vida entonces que ahora no esté?
Cuando alguien apaga la música, qué es lo primero que aparece: un pensamiento, una imagen, una sensación en el cuerpo.
Hay algo que sabes de ti y que solo se te ocurre cuando no está sonando nada.
Si algo de esto se parece a lo que te pasa
Que necesites ruido constante no dice que te falte disciplina ni que estés rota. Dice que hay algo que todavía no has podido mirar acompañada, y que has encontrado una manera de no mirarlo sola. Es razonable. También es agotador a la larga, porque obliga a mantener el volumen siempre encendido.
En Existencialmente acompañamos ese trabajo en terapia existencial individual online: un espacio donde no hay que llenar los silencios ni llegar a ninguna conclusión en la primera sesión.
Si te ha resonado y quieres contarnos qué te pasa con tus propias palabras, puedes escribirnos con el botón de aquí abajo.
Si algo de lo que has leído te resuena, no tienes por qué atravesarlo sola o solo. Escríbenos y valoramos tu caso sin compromiso.

